El nacimiento del vidente


“Les dije”, continuó Merlín, “que la motivación del buscador era poder ver, y eso es algo que llega pronto.

El
sexto paso, el nacimiento del vidente, está justo debajo de la superficie de todo buscador. La búsqueda no entraña satisfacción en sí misma; la vida sería estéril y frustrante si todos tuvieran que buscar sin encontrar nada. Por fortuna, en el plan divino todas las preguntas traen sus respuestas, todas las metas acaban por encontrarse en su fuente. Una vez que se pregunten verdaderamente dónde está Dios, verán la respuesta.

“No quisiera engañarlos con esto. El nacimiento del vidente es tan revolucionario como cualquiera de los pasos anteriores. Marca el final del ego, el final de toda identificación externa. Imaginen sus vidas como un cuadro en movimiento proyectado sobre una tela blanca. Mientras están dominados por el ego, ustedes fijan su atención en las figuras en movimiento, las cuales ven como reales. Cuando aparece en escena el buscador, comienzan a percibir la irrealidad de las figuras. Pero con el nacimiento del vidente, se dan la vuelta para mirar la luz.

Ahora ven la imagen de ustedes mismos como realmente es: una proyección débil hecha real por la
aguda necesidad del ego de dar importancia a la mente y el cuerpo atrapados en el tiempo. “El vidente ve más allá de esa motivación y ya no le cree. En lugar de verse a sí mismo como un hogar de carne y hueso para el espíritu — un fantasma dentro de una máquina —‘ se da cuenta de que todo es espíritu. El cuerpo es espíritu entretejido en una forma que los sentidos pueden ver, sentir y oler; la mente es espíritu en una forma que se puede oír y comprender. El espíritu mismo, en su forma pura, no es ninguna de estas dos y se percibe únicamente a través de una intuición agudizada.

Han oído la frase: ‘Quienes Lo conocen no hablan
de Él; quienes hablan de Él no Lo conocen’. Ése es el misterio del espíritu”. “Pero, ¿acaso no estás hablando de Él ahora mismo?”, inquirió Galahad, confundido. “No en la forma como ustedes creen. Cuando hablo de una piedra, ustedes la pueden ver y tocar. Cuando hablo del espíritu, estoy apuntando a un mundo invisible. Desde ese mundo vuelan hacia nosotros flechas de luz para encender nuestras almas, pero no podemos devolver flechas de pensamiento”. “Eso suena muy misterioso”, murmuró Percival. “Una rosa sería misteriosa si solamente pudieran pensar en ella sin experimentarla jamás. El espíritu es una experiencia directa, pero trasciende este mundo.

Es silencio puro que desborda potencial infinito. Cuando
ustedes adquieren conocimiento sobre algo, adquieren conocimiento sobre una cosa; cuando adquieren conocimiento sobre el espíritu, se convierten en la sabiduría misma. Todos los interrogantes desaparecen porque se encuentran en el seno mismo de la realidad, donde todo sencillamente es. Cuando la mirada del buscador cae sobre algo, sencillamente lo acepta como es, sin juzgar. No existe la necesidad del ego de tomar, o poseer o destruir. Ante la ausencia del temor, esas motivaciones no se presentan porque la necesidad de poseer emana de la carencia.

Cuando no hay carencias para llenar, el simple hecho de estar aquí en este
mundo, en su cuerpo, es la meta espiritual más elevada que podrían alcanzar”. Esta parte del discurso de Merlín tuvo un impacto grande en Percival y Galahad. Habían seguido con atención los primeros pasos, pero el ego, el realizador y el dador ya les eran conocidos. Cuando el mago les habló del buscador, los dos caballeros se vieron a sí mismos como eran en ese momento. Sin embargo, el vidente los llenó de sobrecogimiento, como si fueran exploradores que alcanzaban la cima de una montaña y miraban un nuevo horizonte anhelado de tiempo atrás pero nunca antes experimentado.

“Deseo ser ese vidente del que hablas”, dijo fervientemente Galahad.
Merlín asintió. “Eso significa que estás listo. Para el mago hay solamente tres clases de personas: las que aún no han experimentado el Ser puro, las que ya lo han probado, y las que lo han explorado completamente. Tú ya has probado y deseas explorar. Para ti, este mundo comenzará a desaparecer como algo sólido para fundirse en la luz abrasadora de Ser. En una tierra lejana llamada India, dicen que la vida comente palidece ante Dios, como una vela que parecía brillante en la oscuridad pero se torna invisible ante el Sol del medio día”. Merlín se dirigió entonces a Percival. “Y a ti también te incluyo en esta etapa, sin importar la manera como crees que te juzgué”. Percival se sonrojó y luego tartamudeó: “¿Cómo será esa nueva vida?”

“Como siempre, se sentirá como un nuevo nacimiento. El vidente se diferencia del buscador en que ya no tiene que tomar decisiones y escoger. El buscador todavía está inmerso en la ilusión en la medida en que va por ahí diciendo: ‘Aquí está Dios, aquí no está Dios’. El vidente, por su parte, ve a Dios en la vida misma. La larga lucha interior ha terminado por fin y el guerrero puede dejar atrás sus fatigas. En lugar de la lucha experimenta que todos sus deseos se cumplen con naturalidad y sin esfuerzo.

No hay señales externas que
nos permitan reconocer a los videntes, pero en su interior ellos se sienten abiertos y a gusto; permiten que los demás sean como son, lo cual es la forma más elevada del amor; no les ponen obstáculos a los demás y tampoco a los acontecimientos, y han renunciado a todo sentido del ‘Yo”’.

3 Comments:

  1. Alcira Handal said...
    “Levántate, póstrate, entrégate, abraza, maravíllate;
    Llama de todas las maneras a los pies Sagrados del Señor.
    Eso trae los beneficios de este nacimiento;
    Guárdalo con reverencia; Él responde a su vez”
    - Tirumandiram, verso 1499
    Janeth said...
    Reflexionando sobre este tema, me vienen a la mente las palabras de San Juan: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, - pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna... - lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros". (1 Jn 1,1-3)

    Juan habla claramente de la visión, él es uno de los videntes de Dios. Sus palabras muestran las características esenciales de un vidente
    andrea said...
    me encanto el ultimo parrafo , es muy cierto , el amor mas puro es el de amor todo , din poner etiquetas o moldearlo a algun gusto o algo asi , io creo que en eso la religion ah fallado , en que tiene un concepto muy diferente del amor que no tiene nada que ver con el amor espiritual.

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